Traducció al castellà del contes d'Espiral, de Manuel Baixauli

BRINDIS

Nochebuena. En el punto de máxima euforia, mientras los que componemos la família hacemos chocar las copas de cava, pienso en el pasado. Evoco esa mesa con la presencia de mis abuelos, ahora ausentes, y con las ausencias de mis sobrinos, hoy los principales protagonistas. No han podido conocerse entre ellos. Pienso también en el futuro, imagino mi destino y el de los presentes cuando pasen veinte, cincuenta, ciento quince años. Imagino las sucesivas desapariciones, quién sabe en qué orden, el envejecer de los ahora niños, la sustitución por nuevas criaturas… El ciclo de la vida. La imagen de nuestras tumbas degradadas por los años se me hace insoportable. Fuera, en la gélida calle, llueve sin fuerza pero con obstinación; todo invita a la ebriedad cálida de la mesa. Ahora mismo llueve sobre las  tumbas de mis abuelos, poquísimas veces les recuerdo, sombras fugaces, sutiles, que el presente se afana en expulsar; pero también llueve sobre las tumbas de sus padres y de sus abuelos, a los que nadie recuerda. Igual que las gotas repetidas de lluvia, las horas borrarán la huella de quienes un día fuimos. Me traiciona una lágrima. Mi esposa se da cuenta y sonríe: la cree síntoma de felicidad. No puedo evitar la imagen de su tumba bajo la lluvia, olvidada por el mundo, en una noche de Navidad; mientras sus biznietos brindan ebrios por el futuro.


1 comentari:

núria ha dit...

1ª VERSIÓ

XVII. BRINDIS


Nochebuena. En el punto de máxima euforia conmemorativa, mientras los que componemos la familia hacemos chocar las copas de cava, pienso en el pasado. Evoco esa mesa con la presencia de mis abuelos, ahora ausentes, y con las ausencias de mis sobrinos, hoy los principales protagonistas. No han podido conocerse entre ellos. Pienso también en el futuro, imagino el destino de los que me acompañan y el mío, cuando pasen veinte, cincuenta, ciento quince años. Imagino las sucesivas desapariciones, quién sabe en qué orden, el envejecimiento de los ahora niños, la sustitución por nuevas criaturas de raíces compartidas…El ciclo de la vida. La imagen de nuestras tumbas degradándose bajo el indolente paso de los años se me hace insoportable. Fuera, en la gélida calle, llueve sin fuerza pero con obstinación; todo invita a la ebriedad cálida de la mesa. Ahora mismo está lloviendo sobre las tumbas de mis abuelos, de quienes poquísimas veces me acuerdo, y no por mucho tiempo, en forma de espectros fugaces, sutiles, que la tiranía del presente se afana en expulsar; pero también llueve sobre las tumbas de sus padres y de sus abuelos, a los que nadie recuerda…Son las horas, que, como las repetidas gotas de lluvia, van borrando la huella de los que un día fuimos. Me traiciona una lágrima. Mi esposa se da cuenta y sonríe: la cree síntoma de felicidad. No puedo evitar la imagen de su tumba bajo la lluvia, olvidada por el mundo, en una noche de Navidad; mientras sus biznietos brindan ebrios por el futuro.